viernes, 4 de mayo de 2012

La manipulación de los recuerdos


Hay momentos en los cuales uno es muy bueno consigo mismo, y creo que determinadas cosas no fueron tan graves o determinados papelones no fueron tales, pero la verdad es que si fueron graves y la gente todavía nos recuerda llegando sin el uniforme el día de la entrega de diplomas de la secundaria…eso pensaba el sábado a la noche mientras buscaba la forma de descular las fuentes que me habían dado de “tarea” la semana pasada en la Facultad… uno manipula sus recuerdos, a veces movilizados por la propia vergüenza de un momento, a veces para no volver a sentir eso que nos dolió tanto, a veces simplemente para que no se note la propia estupidez.
Un lugar donde se puede ver la manipulación de recuerdos en su mayor expresión es en los velatorios…el muerto esta ahí, ni enterado de quien fue y de quien dejo de ir… pero las cuñadas están más presentes que nadie, diciendo a quien quiera oír y a quien no también (vamos a quien no lo han asaltado en un velorio, algún pariente del muerto, en medio de una crisis de llanto) sobre las innumerables virtudes del finadito. Yo me acuerdo perfectamente del velorio de mi abuela, había sido por boca de sus hermanas e incluso de mi propia madre la mujer del año, si aquella Linqueña que había criado a sus 11 hermanos, que se había casado con un panadero, que con el esfuerzo diario habían logrado construir su pequeña casa en Ramos Mejía, y que había terminado sus días junto aquella máquina de coser que la misma Eva Perón le había regalado una tarde en la que había ido a visitar la escuela donde mi abuela era directora, entre lagrimas y sollozos todos recordaban a aquella mujer,  pero nadie decía que es misma mujer, había criado 11 hermanos, porque no le quedaba otra, porque mi bisabuela era una tana mala que le daba a la matraca a más no poder y había tenido 12 hijos, y que mi abuela siendo la mayor le toco comerse el caramelo de cuidar a sus hermanos, porque mi bisabuela obviamente, tenía que cocinar, lavar, planchar y demás cosas para 14 personas (si la contamos a ella y a mi bisabuelo), mi madre no decía que mi abuela había logrado ser directora después de laburar durante casi toda su vida doble turno y que había repetido con ella la propia historia de su vida, no contaba que tenía 7 años y tenía que preparar el puchero para las 8 de la noche cuando llegaba mi abuelo, porque la gran mujer salía a las 6 de la tarde del colegio y el tiempo no le daba….ojo, no discuto la grandeza de mi abuela, lo que me jode es que solamente se usan los buenos recuerdos, o quien fue a un velorio alguna vez y escucho – menos mal que reventó el cagado este, ahora no jode a nadie más!-.
Ojo que yo también lo hago, me recuerdo mucho más brillante en mi adolescencia de lo que seguramente era, y de eso me hizo dar cuenta la profesora de psicología el año pasado, cuando me dijo: -uno idealiza demasiado su adolescencia -… y si puede ser, yo sé perfectamente que las amigas que en aquella época tenía eran una manga de idiotas, que vivían según les decía la “Para Ti”, pero creo que el vinculo que nos unía no era tan fuerte, construí un recuerdo en el cual yo me daba cuenta de que eran estúpidas y que no les daba más importancia de la cual merecían,  lanzando caras de superioridad ante las tragedias de cómo vestirse el sábado a la noche, pero la verdad es que yo estaba ahí, que me sentaba todas las tardes en la plaza con ellas, y que seguramente si en aquel momento hubiera tenido el la sensación a la cual me trasporta el recuerdo que construí de aquellas amistades, no habría pasado más de una hora en toda mi vida con esa gente, pero bue…ahí estoy, reconociendo el grupo desde el grupo y adelantándome a las tragedias, viéndolas venir con una ceja levantada.
Seguramente, fui muy feliz, allá por mis 18 años con Juan Pablo, pero no, elijo pensar que era un salame, un soberbio que se bajaba del auto si yo atinaba a querer manejar, que compraba 4 entradas en el cine para que nadie se pudiera sentar junto a nosotros cada vez que íbamos a ver una película…que leía las revistas “Gente” de la madre (de esto me acabo de acordar, y juro que cerré los ojos y moví la cabeza como diciendo, porque estaba de novia con ese boludo…ven otro claro ejemplo de que incluso ahora mientras escribo, manipulo los recuerdos, poniendo por arriba algo que yo creo malo en detrimento de todo lo bueno que el flaco tenía.), pero bueno volviendo, yo me acuerdo que la pasábamos bien, que nos gustaba comer unas milanesas que hacían en un barcito cerca de la estación de Morón, que íbamos mucho al cine a pesar,  que el muchas veces se dormía viendo la película, me gustaba cuando estudiábamos juntos y me molestaba de sobre manera cada vez que venía Adrian, pero ahora hago fuerza y no me puedo acordar de ningún sábado sin Adri ahí con nosotros, no entiendo demasiado bien porque pongo lo malo sobre lo bueno, porque no es que todavía este enamorada del flaco, no, de hecho soy  más que feliz hoy por hoy con mi marido y estoy claramente convencida que por nada en este mundo dejaría a Matías y menos por un tipo como aquel, pero ahí está,  hecho pelota en mis recuerdos, me he encontrado incluso a mi misma diciendo cosas tales como, poooobre él me quería tanto…. yegua! Eso es lo que soy, si yo también lo quería, aaaaaaaaaaaaaah!, pero ojo!, él me quería más (me retruco a mi misma)….no sé!... no me acuerdo quien quería mas a quien y además de donde saque ese convencimiento de que él me quería...claramente manipulé y construí recuerdos de los cuales ni siquiera yo misma tengo la certeza de si fueron o no así.
No sé, creo que tampoco es bueno recordar a las personas o a los momentos tal como fueron, creo que descubriría que un montón de cosas que yo recuerdo como especiales, se volverían sosas, chatas e incluso no merecerían ser recordadas, será por eso que agarro las fibras y las lleno de colores y dibujitos que no tenían en realidad y que hago incluso mucho más oscuras cosas que en verdad no lo fueron tanto, no sé en realidad de cuanto me acuerdo de los momentos con mis abuelos o si fueron las cosas que mis viejos me contaron tantas veces que me hicieron construir ese recuerdo, que pude manipular y moldear de mil formas hasta el punto en que quedo perfecto y tal cual como está ahora y que me permite en esos momentos en los que  uno mira para no sentir angustia alguna, sino que me roban una sonrisa.



Mariana




La manipulación de los recuerdos


Si algo tiene de divertido la sociedad tilinga es el balance de fin de año. Se sientan un día entre navidad y año nuevo (no antes, están las decenas de despedidas de año, cenas al pedo que arrancan terminando noviembre), se ponen a hacer memoria, y terminan llorando siempre, sin importar que haya o no una buena razón.

Sepa, lector, quienes esto escriben no necesitan llegar a fin de año. El balance es constante, el análisis es eterno e inevitable. Pero, eso sí, no siempre es tan cierto como parece.

No son pocas veces las que descubro que mis recuerdos tienen ciertas variaciones. Soy un tipo de buena memoria en general, de excelente memoria para las pelotudeces, pero aún así suelen asaltarme determinados arrebatos de duda, momentos que no sé si perfeccionan lo vivido o lo empeoran, pero seguro lo modifican. Estaba Jorge, estaba Pedro, el perro daba vueltas, la radio prendida y el asado en la parrilla. Ahora, ese gol que sale de la radio y ese sol radiante, ese vino delicioso…eran tan así? Era delicioso el vino o era buena la situación y yo la fuerzo para hacerla perfecta? Había un gol o era un detalle que idealiza una situación? El asado no se arrebató? Quizás sí, pero si recuerdo estoy ensuciando algo que quiero mantener como perfecto…y corro el riesgo de incluso años después terminar discutiendo porque alguien me dice “Te acordás esa tarde cómo se le pasó el vacío a Pedro?” y yo lo niego rotundamente. Cagué. Me creí mi escenario alternativo y encima quedé en offside delante de un tercero y delante mío.

Esa manipulación de los recuerdos es la que, pienso hoy, hace que uno pueda justificar que ayer era más feliz que hoy, de la misma estúpida forma que en unos años pensaré que este texto que hoy escribo es una maravilla de “aquellos años en los que tenía una chispa tremenda” cuando sé perfectamente que esto dista largamente de ser bueno. La manipulación de los recuerdos, si lo que quieren es una definición ambiciosa, no es más que la omisión de la objetividad con una pizca de imaginación. En la inteligencia de cada uno, claro, queda el octanaje de imaginación a agregar. El que carece de luces, está más que claro, recordará chilenas inexistentes y haber visto en vivo a V8. Bah, haber sido plomo de V8…qué tanto. Uno, más humilde o quizás consciente del lugar que ocupa, se conformará quizás con recordar esa tarde en la que no nos salió una, y agregándole una palmada en el hombro que no existió sólo para tener un poco de autocompasión. Más que eso nos daría vergüenza.

El arte es tan, pero tan asquerosamente bueno, que poniendo un poco de esfuerzo y escuchando mediocres de esos que siempre tenemos satelitando alrededor, en 25 minutos hasta te extraño la década de Carlos Saúl.

También hay un punto clave que es el contexto. Por caso, me remonto a varios años atrás para poder ejemplificarlo, pienso en la madrugada, en escuchar a Dolina…era realmente maravilloso el Negro en esa época? O yo en realidad estaba crudo y tan abierto a nuevos conocimientos y nuevos escenarios que me parecía maravilloso todo lo que escuchaba? Era realmente mi preceptora alguien merecedora de afecto, se justifica que la extrañe, o es realmente la boluda a cuerda que yo pensaba a los 16 y hoy que estoy más contemplativo y nostálgico la recuerdo con un cariño prefabricado? Fue tan bueno el show de Kiss que ví en River el 14 de marzo del '97? No eran cuatro viejos que le pifiaban a las cuerdas y a mí me voló la cabeza el escenario, la noche, los papelitos volando? Por qué me acuerdo que abrí la boca extasiado cuando Ace Frehley termina su solo y la guitarra sale volando de su hombro hacia el aire dejando una estela de humo, si en realidad lo que pasó es que durante su solo no le pegó a una nota de casualidad, que el efecto era pedorrísimo y que el humo lo que hacía era tratar de tapar los piolines y encima no lo lograba? O ahora estoy demasiado objetivo y como sé que Frehley es un desastre le agrego pifies al recuerdo para empeorarlo? Manipularlo es siempre para hacerlo mejor o también podemos ir en detrimento del recuerdo?

Pensaba mientras escribía esto…sé perfectamente que muchas cosas que yo veía como maravillosas las tiño de nostalgia al pedo porque la gran verdad es que me hicieron crecer pero desde el azote. Creo que lo vivido fue maravilloso, creo que me hizo crecer desde el disfrute, cuando en realidad lo estoy manipulando para chamuyarme que esa maravilla con la que aprendí cuando fue presente en realidad no me enseñó nada porque yo mismo no estaba abierto a aprender sino a disfrutar, y lo que en realidad pasó fue que pude absorber de eso cuando fue pasado, cuando el sopapo fue presente, cuando el azote borró con el codo todo lo anterior. Así se aprende, del bife, del palo contra la pared, pero no, uno agarra y mueve las fichas para creer que lo que nos enseñó fue la sonrisa y no la ignorancia, la plaza con el olor a pasto y no la noche eterna de monólogo de almohada.

        Quizás haya llegado la hora de hacerse cargo, de respirar hondo, de reconocer la propia miseria, y de darnos cuenta que seguramente si tenemos otro mazo en el bolsillo podamos cambiar esa sota, el cuatro y el caballo por el siete y el ancho de espadas y un 3 que siempre garpa, ganar la mano, y hasta incluso dentro de dos meses decir que el 3 era el ancho de bastos. Quizás liguemos una felicitación y nos acostemos a dormir esperando que toque otra de esas manos pronto.

Pero va a ser mentira.  Y tu almohada lo sabe.







Fer




viernes, 27 de abril de 2012

Misma piedra, mismo lugar

Calle Tinogasta al 2800, del otro lado de Av. San Martín. Villa del Parque. Pleno otoño. Esa calle termina en una entrada a la Agronomía, y tiene la particularidad de que todo lo que bordea al Club Comunicaciones en otoño se llena completamente la vereda de hojas amarillas. Tengo 6 o 7 años. Más no.
               Vengo caminando por la vereda, no hay nadie aparte de mi, serán las 5 de la tarde, mano izquierda, pateando esas hojas que son miles. Miro para enfrente. El restaurant de la esquina, todo en madera. La parte de atrás de la gomería, con esa nenita que me embelesó aquella vez que fui con mi papá a emparchar una rueda. Creo que ese día me enamoré por primera vez. Era tan nenita como yo pero quizás tendría 10, y yo no me animaba a hablarle. Ví que estaba barriendo pero antes con una botellita tiraba gotones de agua dispersos por el piso.
- Por qué le tirás agua al piso?
- Para que no levante polvo.

               Esa fue toda la charla y una enseñanza que nunca me olvidé y más de una vez puse en práctica, siempre con el mismo resultado, lo que está seco levanta polvo y lo mojado hace barro. Creo que me la tengo que volver a encontrar.
               Sigo caminando por la vereda jugando con esas hojas enormes, enormes, de diferentes tonos de amarillo, con la camperota que no me deja moverme. Camino, retrocedo, hago remolinos de hojas, corro, me freno, soy feliz. De repente escucho otros pasos detrás de mí. Me doy vuelta y es un ovejero alemán grande, enorme te diría. Está a varios metros y me muestra los dientes. Yo camino hacia adelante con la cabeza girada para atrás, mirando al perro, y éste parece enfurecerse cada vez más. Empiezo a correr y el perro empieza a correr atrás mío. Me doy cuenta que es más rápido que yo, me doy cuenta que estoy jodido, pero ya pasé la parte de las rejas del colegio y es todo pared, no tengo realmente dónde ir ni dónde esconderme y ya estoy en ese momento de la velocidad en que las piernas empiezan a descontrolarse, miro para atrás sin dejar de correr, el perro se acerca cada vez más, y en mi descontrolada carrera hacia adelante mirando hacia atrás, a ese perro que sólo piensa en merendarme, no veo un adoquín en el medio de la vereda, disimulado entre las hojas. Siento el golpe en el tobillo, un pánico incontrolable, nervios, agitación y se me cruzan caras por la mente, todo eso en los dos segundos que tardo en caer torpemente al piso antes que se me cierren los ojos.
                Me dí cuenta que me estaba quedando dormido,  y no daba. Me voy a la mierda porque no llego a buscar al Flaco. Abro los ojos, me clavo un matecito al paso que me da mi vieja y agarro la bici.
-Volvés?
-Ni puta idea!

                Agarro la bici y salgo en el aire por Suipacha, ya sé que llego justo así que no hay mucha opción, doblo por Av. Santa Fe… y a correr entre los bondis. La verdad que siempre me gustó esa pelotudez, pero en este caso era hora de probar que las horas de Need For Speed servían para algo. Crucé la 9 de Julio en el aire con el semáforo titilando. Tirate un pedo, amarillo, el Flaco se va a la mierda y me quedo de cara todo el fin de semana. Empecé a pensar mi ruta, tenía que ir a Córdoba y Callao, pero si agarraba Callao estaba al horno, tenía que estar de la mano contraria. Cambio de rumbo señor, agarramos Rodríguez Peña y bajamos por esa que va a ser más fácil. Me cruzo sospechando las puteadas de todo el universo, pero entiéndanme, yo me los vivo fumando a ustedes! Tuve que mirar sí o sí a la izquierda porque siempre hay uno que quiere ganarle a la bocacalle. Lo siguiente fue ver mi bicicleta desde arriba, puta, no tener una cámara, un fogonazo verde (Creo que era un 37), varios ruidos agudos, un golpe en la nuca, el cielo nublado, los cables de teléfono, el asfalto frío, un sueño tremendo que me agarró de repente y al que no le pude hacer fuerza, por más que lo intenté, una voz que me pregunta algo, tengo sueño, te quiero entender, pero no puedo, después hablamos, me duermo, “Quedate conmigo”, cierro los ojos. Perdoname.
            El chorro de agua fría era bastante necesario, la verdad que hace calor acá. Me vuelvo a lavar la cara, me restriego los ojos. Apoyo las manos en la pileta, y con la cara goteando me miro al espejo. Me seco con esas toallitas de papel marrones que son una mierda, me fijo que no me quede nada pegado…lo de siempre. El traje me queda lindo, no hay nada que hacerle…lástima que no tuvo quórum la idea de combinarlo con las All Star. La próxima no le pregunto un carajo…qué va a hacer, volverse? Pasa uno por atrás, pasa otro, me saludan con cariño, como si me conocieran. Este ambiente es una mierda en ese aspecto, con ese cuentito de “somos compañeros del medio” se justifica que este flaco al que cada vez que lo veo en la tele me parece un pelotudo me saluda en el baño mientras mea alegremente en la primera vez que nos vemos personalmente, y mañana seguramente dirá que fue una gala hermosa en la que estuvo compartiendo hermosos momentos con varios amigos, entre ellos yo. No pierde oportunidad de palmearme el hombro cuando se va. No sólo es un pelotudo…tampoco se lava las manos.
- Dale boludo que viene nuestra terna!
- Carajo…ya estoy.
Última miradita al pasar en el espejo…cuánto lujo al pedo! Bue, vamos. Presentador…quién presentará la terna? Qué me merezco? Ahora vamos a ver qué tan importantes somos…uno piensa un Darín, un Luppi. Aparece Horacio Cabak. Bue, pasame el vino…dice los nombres, sonrisa obligada. Pseudo nervios, la gran verdad es que están jugando Ferro-Defensa y Justicia y me juego las bolas a que debe ser un partidazo y me encantaría estar tirado en el sillón viéndolo. Salga como salga esto, me voy en el aire a casa, muy lindos los timbos pero no siento el dedo gordo. Horacito abre el sobre, y a la tercera letra de nuestro nombre siento que se me catapultan 5, 6, 10 personas, toda la mesa, todos se tiran encima de mi silla, inclinándome la cabeza hacia mis piernas, una mezcla increíble de perfumes y los “VAMO  CARAJO” que se suceden. Quedo totalmente tapado entre gente que no me deja ver y ruidos que no alcanzo a oír.
De a uno se van levantando de encima mío pero no los saco…sentir el pasto en mi cara no deja de estar bueno, los “Vamos carajo” no paran, me pegan en la nuca, “El-Ci-clón! El-Ci-clón!”, me incorporo de a poco y miro la hinchada, por dios que revienta, veo puños levantados, levanto el mío. Me vuelvo despacio al medio, trotando. Miro la platea, miro al cielo, me doy un beso en el escudo. 1-1, faltan 10, los tenemos de hijos y estamos mejor. Vamos carajo. Sacan del medio, “…pooooonga huevo queee gaaanaaaamooo!”, la recuperamos en ¾ nuestros y salimos como tiro, dásela al Pipi boludo que está libre, el 5 queda corto y yo tiro la diagonal para soprender a los centrales. Al 6 lo pasé por atrás, el 2 no sé dónde está. El flaco se acerca y me ve, le marco la diagonal y me la tira pero por arriba, me cagó. No puedo definir yo, la tiro a la raya y que echen el centro…cuando llega la pelota llega adelantada, tengo que tirarme a cabecear pero medio en palomita. Nunca me dí cuenta que el 2 de ellos estaba saliendo de atrás al centro, sin mirarme, y también tiró la palomita. Estoy  viendo la pelota, la platea de fondo, puta, no tener una cámara. Siento un golpe tremendo en la sien. Se apaga todo.
El frío me estaba matando y me hizo abrir los ojos por más que prefería seguir pensando en mi mamá y en sus ravioles con estofado. A lo lejos se escuchaban bombardeos por todos lados, a la derecha, a la izquierda, adelante. Tardé un segundo en darme cuenta que era uno de esos momentos de tensa calma
- Dónde mierda estará Pereyra?
- No lo veo desde hace rato a Julián, Varguitas. Ni idea.
Julián Pereyra y Néstor Vargas se hicieron hermanos. No amigos, hermanos. Los conocí cuando hacía 10 minutos que se habían presentado, en ese momento en el que sabíamos que nos íbamos a subir a ese avión sin saber con qué nos íbamos a encontrar. Había un ambiente de nervios y de pecho inflado, de voy a dar la cara por mi país, de a estos piratas los vamos a sacar de una patada en el orto. También había algunos que no teníamos idea de qué estaba pasando ni por qué estábamos ahí. En realidad mis viejos siempre me contaron claramente lo que estaba pasando cuando después de la 3ra mudanza en 5 meses pregunté qué onda. Me hablaron claro, largo y tendido en una noche de café y cigarrillos que sonaba eterna y clarificadora. Ese día me hice hombre. Cuando no supimos más de mi tío, me pidieron que por favor nunca hable de nada de lo que habíamos hablado esa noche con nadie. Algunos de los que esa mañana estábamos ahí ni siquiera teníamos muy en claro qué estábamos defendiendo. Varguitas, Pereyra y yo estábamos de ese lado.
Los dos rosarinos, los dos enfermos de Central. Los dos habían estado siendo muy chiquitos, diez años atrás, de la mano de sus respectivos viejos gritando el gol de palomita de Poy. Los dos cuando hacía calor eran llevados en un Torino con una heladerita con Pomona y duraznos fríos a La Florida, los dos se emocionaban recordando lo enormes que les parecían las palmeras del Boulevard Oroño, los dos se sentaron con sus viejos en el bar La Facultad, ahí en la esquina. Me hicieron acordar de mí de chico en Rosario, del Hotel Onix, y de mi vieja diciendo que los sándwiches de pavo de ese bar eran lo mejor de la historia. Los dos muy pibes, solos, en un lugar que no era el suyo yendo a otro que mucho menos. Los dos cagados en las patas, se hicieron hermanos en un ratito, se vieron en un espejo y se hicieron para siempre uno en ese momento en el que hasta empezaron a ir para atrás en el tiempo haciendo fuerza para ver si habían sido compañeros de colegio o quizás primos lejanos de alguna tía bastante trola que tenía Varguitas.
-Debería estar acá…no sentís algo feo?
-Estoy cagado en las patas, Néstor. No me hagas pensar.
Las sospechas no eran infundadas y de atrás de una roca de repente vemos que Pereyra, el Juli, el que ya se veía venir que se iba a quedar pelado, el flaquito que el uniforme le bailaba por todos lados, sale en un segundo disparado hacia nosotros, desencajado.
- CHICOS..!
No alcanzó a decir el resto cuando vimos que el bolsillo del uniforme explotó en gotas de sangre pegando un grito. Fue leve porque cayó mirándonos. Yo entendí al instante que estábamos hasta las pelotas y que no nos teníamos que mover, también entendí que el Juli se estaba haciendo el muerto para que no nos capturen. No teníamos la más pálida idea de cómo hablar inglés y si ellos tenían los mismos códigos que nosotros, las manos en alto iban a servir de poco. Pero Varguitas se dejó llevar, no lo pudo soportar. Se vio en el espejo, se vio en la tribuna, lo vio al Juli cayendo y no entendió. Se levantó de al lado mío y salió corriendo hacia Pereyra para traerlo hacia donde estábamos nosotros. Se le nubló.
- Varguitas, la concha de tu madre! VARGAS!
Fue una sóla ráfaga, creo que cuando tocó el suelo ya estaba con el abuelo. Lo miré a Juli, tirado en el piso, el Juli me estaba mirando, sentado y abrazado a mí mismo. Estaba llorando. Yo también. Sentí un grito arriba mío, miré con resignación. Ví el caño, frío como esa tierra de mierda que ni siquiera sabíamos que existía, ni yo ni mucho menos el que me apuntaba. Seguro que le gustaba el fútbol., Metí la cabeza entre mis rodillas y cerré fuerte los ojos. Quizás el estofado todavía no se había enfriado.
Se ve que el tema había cambiado. “Holier than Thou” de Metallica te puede hacer despertar de la mejor siesta. Abrí despacito los ojos, los pies enterrados en la arena, qué placer. Miré a mi alrededor despacito, las pibas con el perrito que hacía pozos,  la señora con el sombrero de paja debajo de la sombrilla con una camisa sobre los hombros. A qué viene a la playa, señora? El culo de la rubia esa, mamadera. Miro la carpa, qué pedazo de calor…me acomodo un poco en la reposera…me dejé el libro en la panza, carajo, tengo todo el ombligo transpirado,  y el broli empapado…qué diría Dolina si me viera…
- Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaae Chorrrro boleeeeeeeeeeeeeeeee!
- Eu!
Una falta de respeto que te pase por al lado el muñeco vendiendo churros de El Topo y no comprarle.
- Guarda que se viene, apurá los mates, maestro.
- Vos decís?
- Mirá para el fondo. Gracias amigo! Haaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaae Chorrrrrrrrro boleeeee!!
Tenía razón el loco. En un segundo se encapotó pero raro, esa sensación que te tiene ahí, con los brazos atados a ambos lados, me quedo, me voy, aprendo a volar de golpe. Miro el mar y se estaba picando, la gorda estaba persiguiendo al sombrero de paja tan aparatosamente mientras el viejo le decía que lo deje, que se vaya a la mierda, que después le compraba otro. Era graciosa la imagen, pero cuando vi que mi libro estaba siendo cristianamente sepultado por la arena y que la carpita se movía como un samba me pareció que tenía algo más importante. Me dí vuelta, miré la carpa, la reforcé como pude, el viento me estaba llevando y yo sentía cómo se me clavaban aguijones de arena en la espalda, metí el libro adentro, el termo, todo era arena y dolía. Entendí que era imposible irse, y para salvaguardar mis cosas no me quedaba otra que meterme adentro y aguantar. El ruido era insoportable, me sentí a merced del mundo. Me di vuelta para tratar de cerrar la carpa y dos cuchillos de arena se clavaron en mis ojos mientras todo lo que para mí era mundo parecía empezar a volar.
 Estaba calentito, oscurito…viajar en el 57 es tremendo si venís con sueño. Corrí la cortinita bordó, esa que la tocás sin querer pensar en cuántos la tocaron y para qué la usaron, y ví que ya había pasado el puente. Agarré la mochila, me fui despacito para adelante, estirándome de a poco. Me bajé al 5100, serían las 5. Me fui caminando hacia atrás, estaba fresco. Llegué a la esquina y doblé por Tinogasta. Mirá el restaurant…abandonado, qué hecho mierda está…la gomería, te acordás? La nena debe ser madre ya…la imagino barriendo en una casa en Paso del Rey, no sé por qué ahí, tal vez Merlo, puerta abierta, dos nenes con mocos…y ella tirando agua para que no se levante polvo cuando barre. Miré con melancolía las hojas amarillas del otoño, el mismo otoño, las mismas hojas, los mismos árboles. Me fui hacia Agronomía, pasé por la puerta del club. Miré los edificios de enfrente, pateé hojitas y me emocioné, sentí que era chico de nuevo, y recordé ese sueño recurrente del perro, ese que terminaba cuando soñaba que me caía y me despertaba con ese cimbronazo inexistente que uno siente en el colchón, pensé qué carajo tendría que ver ese miedo tan grande con el amor que le tengo a todos los perros, hasta a los más peligrosos, recordé ese sueño tan claro que lo estaba viviendo pero con varios centímetros más. Miré la reja oxidada del colegio, el paredón de ladrillos al frente, miré para abajo, y sí, ahí estaba el adoquín. Como si alguien lo hubiera puesto para mí, exactamente igual que como no lo recordaba, misma piedra, mismo lugar. Seguí caminando y, mientras me acercaba, decidí  por primera vez  y totalmente consciente de mi inconsciencia, tropezarme,  también por última vez, en todas mis vidas.






Fer.




Misma piedra, mismo lugar


Si me viera en la obligación de tener que hacer una lista con todas las veces en las cuales he visto la piedra ahí, justamente ahí, delante de mis ojos y me repetí a mi misma por lo bajo  “- ojo nena que ahí está la piedra, no seas tan estúpida de volverte a tropezar!”, para solo un segundo después, encontrarme desparramada por el piso, tratando de ver que me había pegado, seguramente terminaría con todos y cada uno de los árboles que quedan en el Impenetrable chaqueño, ya que la cantidad de papel que necesitaría, solo sería comparable con eso.
Sé que mal de mucho es consuelo de tontos, pero como no me creo la más viva de la cuadra, me consuela pensar que no es solamente un mal mío, sino de toda la humanidad sin importar tiempo ni espacio, un ejemplo a modo de instructivo, tanto batallaron los franceses para sacar a un Rey con su revolución, tanto batallaron por no tener más un tirano que les manejara la vida para que solamente 10 años después viniera un tipo como Napoleón y se nombrara emperador de Francia, zaz!, ni siquiera rey, el campeón  se nombró emperador y los franceses contentos  y si no te gusta la tiranía de Luis, no te preocupes acá vengo yo y en cuanto te escucho levantar la voz te deporto….sé que comparar mi vida con la Revolución Francesa es darle demasiada relevancia, pero bue, era el ejemplo más claro que tenía a mano, al fin y al cabo vivo de ese tipo de ejemplos.
Pero a mí siempre me torturó una duda…soy realmente consiente, puedo ver la piedra a la distancia? O solo me doy cuenta un vez que estoy despatarrada en el piso, que otra vez, la muy cínica se me puso en el camino.
Juro que mil veces, he tratado de no volver a caer en mis mismos errores, digo ante tal o cual situación, no voy a enojarme, esta vez no!, para 5 minutos después destilar furia por los poros, pienso en que no tengo que tener mis raptos de soberbia y arremeter con cuanto se me cruce por el camino, porque al final de cuentas eso me termina haciendo mal a mí, para estar un rato después, mirando todos los muñecos que tumbé en mi ataque superyoico. Pero con la piedra que más odio tropezar es con la del tiempo, esos momentos en los que digo, nah!, lo dejo, después lo hago, después estudio, estudio un par de días antes total es fácil, empiezo a cocinar más tarde, o voy hasta el almacén en un rato, para salir de casa y darme cuenta que ya cerró, que me faltan dos días para el parcial y que en media hora necesito tener la comida lista…me detesto a mi misma y les juro esto me pasa una vez por mes y cada vez digo y me repito que no me tiene que volver a pasar y para eso me hago cronogramas, planes de acción, para terminar siempre con el mismo resultado: otra vez me tropiezo con la piedra de mi propio caos.
Esta vez me voy a tomar el juego más relajada, al fin de cuentas uno juega para divertirse, para compartir un rato con Maty y con esos “amigos” raros que tengo desparramados por el mundo, no me voy a enojar con el Cabe y voy a ser mucho mas contemplativa con Mauro, al fin de cuentas ellos me quieren y yo la paso bien cuando los tengo satelitando cerca mío, para qué?....para que después de una semana, con un 80% más de nicotina en el cuerpo, con 15 horas menos de sueño que una semana normal (y créanme 15 horas menos de sueño para mi es casi no haber dormido en toda la semana) levantarme con esa mirada destructiva que suelo lanzar, y mirar a Maty y decirle, sabes que…. qué se vayan todos a la puta que lo parió!, otra vez parada en frente de la compu, con el sol de la tarde del sábado entrando por la ventana de adelante, el cenicero lleno de puchos y un vaso de coca por la mitad, otra vez la misma piedra en el mismo lugar y yo imperturbable, la situación me sorprende otra vez, no la veo venir y esto pasa todos los años, hasta puedo decir más o menos en que altura del año, se repite la escena desde hace más de seis.
Supongo que ahora que lo escribo y lo pienso  un poco más detalladamente (y la verdad esta semana me está costando un montón hacerlo) me contesto a mi misma y me doy cuenta que no …al menos yo no puedo darme cuenta que viene el tren, aunque este la barrera baja, no lo veo y me mando y acto seguido me atropella y me enfrenta a lo peor de mí, de mis limitaciones, de mis incapacidades, de mi propia estupidez y no me gusta, me hace sentir mal, me frustra, me llena de bronca, me repito a mi misma miles de veces que debo ser más cauta, más precavida, que tengo que aprender a mirar mejor mis acciones, si puedo hacerlo con los demás, si puedo decir, mira como este o aquel están por mandarse la cagada de sus vidas, por que no puedo hacerlo conmigo misma?, supongo que es por eso que dije un poco más arriba… mi propia estupidez me nubla la vista para solo despejarla mientras me limpio la sangre de la frente.

                                                              Mariana.



viernes, 20 de abril de 2012

Dialéctica al pedo


Buenas tardes.

                 Para empezar, esta semana quisiera pedirles a todos que antes de seguir leyendo, dirijan el puntero de su mouse hacia el ángulo superior derecho de la pantalla. Encontrarán una cruz. Hagan click en ella ahora.

                Bien, ahora que nos libramos fácilmente de los pelotudos de los que hablábamos la semana anterior, pasemos al tema que nos compete hoy; la dialéctica al pedo.

                Hablemos del blog en particular: Haciendo un poco de historia, y  oficiando en cierta forma de anfitrión, puedo contarles brevemente  que es un…no quisiera llamarlo proyecto, quizás puede definirse mejor como “berretín” entre dos amigos. La política es que ambos tiramos tópicos que se nos hayan ocurrido durante la semana, se elige uno, y sobre ese tópico (que puede ser cualquier cosa, desde una frase hasta una sóla palabra, o un nombre propio) cada uno escribe un texto sin ningún tipo de previa censura acerca de contenidos, vocabularios, formas e incluso contenidos: se toma al tópico como disparador, y desde ahí las únicas limitaciones son las lógicas: la comunicación entre el cerebro y los dedos que esto redactan.

                Ahora bien, adentrándonos en lo que nos ocupa e hilando fino, la dialéctica al pedo ha sido utilizada a lo largo de los años con diversos fines, casi siempre obteniendo el resultado deseado. Es, quizás, la forma más válida de hacer cagadas sin que sea tan evidente a ojos de la mayoría.  Es cuestión indispensable, está claro, que el auditorio que escucha esa dialéctica sea gente con pocas luces o, como mínimo, menos luces que quien diserta.

                Cada discurso, cada anuncio, cada vez que a uno le informan algo que ya está preestablecido haciéndole creer exitosamente que en realidad lo está eligiendo, se está  empleando esta estrategia, que aparentemente sirve tanto en escenarios políticos, de pareja o incluso en el deporte. En realidad todo el tiempo estamos siendo testigos de ejemplos de dialéctica al pedo, y muchas veces también lo estamos practicando. Cada venta, cada compra, cada explicación de lo inexplicable es dialéctica al pedo, y esa misma dialéctica al pedo la vamos mamando desde niños.

                Se muere un familiar, el almacenero, quien sea. Desde chiquitos nos acostumbraron al “No somos nada”, “Hay que disfrutar día a día”, “Dios dispone”, “Quizás es mejor así”, y así como escuchamos vamos repitiendo esos mantras inútiles creyéndonos que seguramente estamos diciendo un pensamiento profundo, creyendo ciegamente que seguramente estamos aliviando el dolor ajeno. No, no, peor aún, creyendo que podemos explicar la muerte.

                La muerte no es la única cosa que podemos explicar; también la esperanza, el amor, el desamor; tenemos una tendencia inequívoca a explicar lo inexplicable, a colocar sentimientos en palabras, a enfrascarnos en la tarea imposible, y acá viene una gran mancha para terminar de ensuciar a ese leopardo: hay una competencia ciega y feroz entre las personas que manejan más vocabulario por encontrar la mejor explicación, la mejor excusa, la más grandilocuente, para que el pelotudo se impresione, se vuelva a la casa pensando “Carajo…Fer me acaba de explicar lo que es el amor” y automáticamente cree en Facebook una frase y se llene de “me gusta” de chicas sin novio con problemas de acné, Arjona en el Winamp y el desodorante siempre a mano.

                El ejemplo antes citado es a bajo nivel, claro. Es dialéctica al pedo barrial, de cabotaje, la de ganar una pelotudez sin sentido, la de justificar una llegada tarde con una excusa traída de los pelos pero aún convincente e irrefutable, la de ganar la discusión a la pareja, la de dejar al familiar con la boca abierta por haberlo descubierto en un renuncio, por haber vendido una hipocresía a un precio bajísimo. Ese placer efímero del cigarrillo de “Te cerré el orto”, tan vacío, ese que el perdedor cuando ya se ve acorralado lanza un “Está bien, si querés tener la razón, listo; TENÉS RAZÓN, RICARDO” sabiendo que ya está, que en la guerra dialéctica cayó derrotado, vencido, agobiado por esas palabras, puta, cuántas de esas ni entendí, creo que eso es lo que peor me hizo, porque bueno, no tener razón, qué se yo, pero no sé si la tengo porque no entiendo qué carajo me dice, puta, y eso que mamá me compró el “Platero y Yo”, “Mi planta de Naranja – Lima” y yo como una pelotuda mirando los Halcones Galácticos, y éste gilastro me ensarta con esas palabras granlido…grand…grl…bueno, eso, mierda, palabras difíciles, siempre lo mismo.

                Como les decía, a niveles de cabotaje no está mal, pero uno llega a un buen nivel de dialéctica al pedo de grande y con solvencia. Lo bueno viene cuando desde chiquito comienzan esos primeros indicios, ese embarullamiento (valga el término) de palabras que comienzan confundiendo primero a mamá (si tiene pocas luces pronto le dirá a sus amistades que es un chico inteligentísimo…pero no, por ahí es un boludo, el tema es que no lo entiende), luego a la seño de jardín, colocándose diametralmente en el lado opuesto del que soluciona todo partiéndote un bloque azul en el medio del balero, luego a la seño de primaria (gana muchas de pico y te deja en offside más de una vez pero suele ligarse varios churrascos…se los aseguro), luego a los profesores de secundaria (suele aprobar muchas materias sin entender una puta palabra, gambetear largas horas en preceptoría y adquiriendo una gran destreza para cebar mate y jugar al truco) y finalmente, llegar a la universidad o facultad dejando un tendal de profesores, minitas, maestros y títulos en el piso, enamorados, recordándolo de por vida, una madre embelesada por los logros (aunque no puede decir exactamente cuáles son) y un padre que, si tiene la billetera MUY gorda, encontró finalmente a su sucesor, este hecho en sí resulta tan grande que no importan los medios utilizados para ese fin. Apareció el sucesor; no importa cómo ni debería importar tampoco.

                Así, el Gran Cultor de la Dialéctica al Pedo llega al gran objetivo; que el fin ya no importe. Que el hecho, sea cual fuere, resulte anecdótico. Él es absolutamente inimputable, y gracias a su maravilloso poder dialéctico ha logrado la inimputabilidad de la que goza el enamorado, el idealizado. ¿A qué llega? A tener poder. Y, con el poder en la mano y el tendal de embelesados detrás suyo, sabe de antemano que tiene un gran piso de tiempo, tiene un crédito abierto para hacer miles de cagadas, sabiéndose defendido por muchísima gente que carece de la objetividad para analizarlo.


                Esas cagadas muy probablemente sean enormes, inmensas, carísimas…puede ser un Metrobús, poner a Clemente Rodríguez por derecha, una picadura de avispa, no editar un disco desde el 2006 pero ser tapa de revistas e invitado de Beto Casella, volverte en primera ronda de una patada en el culo, declarar que jugás gratis para pasarte meses roto y aparecer al momento de levantar la copa y ser tapa de diarios…vivimos en un país en el que ejemplos sobran; cualquier cosa que implique el poder utilizado para no hacer nunca nada que justifique tenerlo, y aún así ser sobreseído de toda crítica por tener para cada una de esas cosas una explicación larga, intrincada, complicada, y carente por completo de contenido.

                Y muchas veces, muchas, no sólo es uno el que colabora para que el otro tenga el poder; también es quien le paga un sueldo por tenerlo.

Créame.



Fer

Dialéctica Al Pedo.


Vos a mi no me entendes!-

Paula aun no salía de su asombro, de una forma tan infame, Martín  le había escupido… vos a mi no me entendes, le parecía canalla, la llenaba de bronca, de impotencia. Después de la discusión, ella tomó su cartera y salió a caminar, necesitaba despejarse, pensar como la persona con la que había convivido los últimos 4 años de su vida podía levantar esa afirmación tan desentendido de todo, tan impunemente.

Llegó a una plaza, buscó un banco donde no daba ni por completo el sol ni la sombra, prendió un cigarrillo y una vez más trato de racionalizar la frase, lo primero que se vino a su memoria fue aquel momento cuando el televisor se había roto y a medida que pasaban los días y el aparato continuaba sin funcionar, ella comenzó a sentirse más a gusto, pasaron casi tres semanas hasta que le comento a Martín, lo lindo que era estar sin el televisor, que se había vuelto a amigar con su vieja radio, que las cenas eran mucho más tranquilas y que además por la calidad de programas que últimamente mostraban creía que lo mejor que había pasado en los últimos días era el hecho de que el televisor dejara de funcionar, no recordaba que estaban haciendo cuando ella le comento aquello, pero si recordó que no pasaron 24 horas hasta que Martín llegó a la casa con un nuevo televisor, ella lo miró sorprendida y preguntó por qué?, a lo que recibió como respuesta un simple… me gusta mirar tele cuando llego del trabajo.

Recordó todos los momentos en que ella preguntó, cómo estás?, Cómo te sentís?, Cómo te fue hoy?, y suspiro al darse cuenta que la respuesta siempre había sido la misma, un seco y desganado… bien. Pensó en todos los momento en que ella le había contado como había transcurrido su día y de golpe  recordó que cada vez que su cumpleaños se acercaba ella pasaba una cierta cantidad de días, enumerando las cosas que le gustaban, incluso le decía, en qué lugar había visto tal o cual cosa, para finalmente el día de su cumpleaños recibir cualquier tipo de cosa, menos alguna de las que ella esperaba.

Sonrió con desdén al pensar en aquella tarde en la que ella había comprado flores en la feria cerca de su casa, y que cuando estaba acomodándolas en la mesa de la cocina, le comento a Martín que detestestaba los claveles, que creía que eran flores solo para los muertos, para recibir el día de su aniversario, un ramo de claveles.

Vos a mi no me entendes!-, cada vez que re pensaba aquella frase, más vil le sonaba y más cosas venían a su memoria. Ella había hecho todos los esfuerzos posibles para que el silencio no reinara en la casa como en esos últimos tiempos, pero solo lograba cortarse con la voz de alguno de ellos dos cuando respondías alguna llamada telefónica o por el infame ruido del televisor.

Últimamente pensaba que extrañaba aunque sea discutir, ella había perdido las ganas de decir cosas, de preguntar, no tenía sentido seguir tratando para terminar chocarse una y otra vez contra aquella pared en que se había convertido Martín.

Había comenzado a oscurecerse, por lo que decidió volver al departamento, se prendió otro cigarrillo y comenzó a caminar de regreso, se sintió mejor cuando paso por aquel negocio que vendía chucherías y que la fascinaba, creía que era muy pretencioso para la cuidad en la que vivían, sonrió, pero inmediatamente recordó que una tarde se había decidido a entrar al negocio y hasta se aventuro a charlar unas pocas palabras con la dueña, compro una pequeña caja para te, mas por el compromiso que sentía por haber entrado que porque realmente le gustara, pero llego feliz a su casa y le conto a Martín lo que ella sentía como una aventura particular al tiempo que señalo la caja que había puesto casi escondida en los anaqueles de la cocina, y fue ahí que la sonrisa que había conseguido al pasar por allí se borro… recordó que días después de aquella tarde Martin le pregunto de donde había sacado aquella caja, que era realmente horrible.

Apuro el paso hasta su casa.

Vos a mi no me entendes! – durante los últimos cuatro años lo único que había intentado Paula era entenderlo.

Cuando llegó a la casa, se dirigió directamente al cuarto, se subió al taburete a los pies de la cama y se estiro para alcanzar una valija que guardaba en la parte más alta del ropero, le resulto pesada y ella no logro manipularla muy elegantemente, la puso sobre la cama y guardo toda su ropa allí, en un bolso más pequeño guardó las demás cosas suyas que tenia desparramadas por el departamento, lamentó no poder llevarse todos sus libros y sus discos, pero quería terminar con esto antes de Martín volviera a  la casa.

Se sentó un segundo en su escritorio, del cajón superior tomo un sobre y un papel, escribió algo, puso el papel en el sobre, lo cerró y lo dejó sobre la mesa de la cocina, recorrió con la mirada toda la habitación, allí había vivido los últimos 4 años, y verdaderamente le gustaba el lugar y el barrio, pero ya había tomado la decisión. Cerró la puerta y al atravesar el hall, depositó las llaves en el buzón correspondiente al departamento, para que Martín las encuentre cuando fuera a recoger el correo.

Cuando Martín llegó, vio el sobre a primer golpe de vista, tenía su nombre en el frente por lo tanto lo abrió, no entendió porque dentro del sobre solo había un papel en blanco, sin ningún tipo de frase, llamo a Paula y fue en ese momento cuando comprendió que ella lo había dejado.

Lo que tal vez nunca comprendió fue el hecho que Paula, ya no usaría mas dialéctica al pedo, al menos, no con él.





Mariana